El fresco es una pintura que se realiza sobre una superficie cubierta de dos capas de mortero de cal, una de mayor espesor, lleva cal, apagada, arena de río y agua. Tiene un centímetro de espesor y se le llama arricio. La segunda capa es más fina y está formada por polvo de mármol y cal apagada; ésta tiene milímetros de espesor y se le denomina intonaco, ambos términos en italiano. Cuando la última capa se encuentra todavía húmeda, se pinta sobre la superficie, se aplican los pigmentos en polvo, diluidos en agua. Es por ello que se le llama, pintura mural al fresco.

Entre las características de pintar al fresco, destacan las siguientes:

- No permite hacer modificaciones, salvo que se elimine el enlucido y se vuelva a pintar o, de otra manera, que se retoque con una técnica distinta.

-Como el muro preparado al pintar debe estar húmedo para aplicar el color, tan solo se enluce la superficie que se va a pintar ese mismo día. Esto dependerá de la dificultad de lo que haya que pintar. De esta cuenta, tiene lugar una jornada pequeña si son rostros y una jornada larga si son grandes, como los fondos. Por ello, para saber si un mural está pintado al fresco, será necesario encontrar los bordes de cada jornada.

-Otro detalle importante es que, antes de aplicar color, se prepara un boceto en papel calco, al tamaño original. Este dibujo se traslada al muro, por medio de perforaciones al contorno de la composición, el cual sirve de guía al artista para crear su obra.

“La cal tras el proceso de carbonatación, aglutina los colores y estos pasan a formar parte del muro, lo que hace que los colores al fresco sean insolubles y que presenten un aspecto, color y textura únicos imposible de alcanzar con otras técnicas